miércoles, 4 de diciembre de 2013

Imágenes y recuerdos de Cacabelos (LXXX)






   ¡ VIVAN LOS QUINTOS DEL SESENTA Y DOS…¡


Antonio-Esteban González

      Se podía considerar uno de los momentos más importantes en la vida de los mozos, el paso de la adolescencia a la virilidad, algo que ya ocurría en las culturas indígenas.
    Aquí, en España, a ese momento se le llamaba tallar los quintos porque esta palabra, quinto, proviene de la contribución de sangre u obligación de servicio militar que Juan II de Castilla impuso, durante su reinado, por el que uno de cada cinco varones tenía la obligación de servir a la patria.
      En muchos pueblos de la Maragatería y del Páramo  o en el Cerrato, en Palencia o en pueblos de Castilla la Vieja, perdidos en la monotonía de una tierra en la que el horizonte parece no tener límites y el cielo, al fondo, azul y en donde, de vez en cuando, un apretado bosquecillo de chopos tristes suspira por el agua y rompe la uniformidad del campo y la horizontalidad del cielo abrazado a la tierra  -o viceversa-  en muchos pueblos, iba a decir, hay un frontón para jugar a la pelota a mano  en el que, cada año, los mozos escribían la frase de “¡ Vivan los quintos…¡”.
      En nuestra villa, en Cacabelos, no había  -o yo no conozco-  frontón, pero en una determinada fecha, cuando el servicio militar era obligatorio, los mozos, al cumplir la edad, eran tallados  -medidos y pesados-  y alegaban  -o no-  razones para prestar servicio de armas.
      Este cronista, en su libro MEMORIA PERDIDA DE UN TIEMPO OLVIDADO contaba que un mozo, en Toral, alegó, para no ir, que tenía un pie equino, pero eso son historias que todo el mundo sabe, como sabe que los mozos, después del ritual del tallado por el médico titular, en presencia del alcalde y siendo testigo el secretario del Ayuntamiento, se reunían  para comer y beber, a veces en demasía, porque el vino y la comida anudan amistades casi eternas y, por supuesto, había música, como en el caso de la foto, con la ORQUESTA VERACRUZ en la que tocaba la batería Ricardito Real  -Ricardo, siempre fue Ricardito-  y Augusto, el droguero, el acordeón.
      Además, si se fijan bien los lectores del blog encontrarán a gente conocida: Isaac, el albañil, Luís Gallego, Lolo Vega, Tito, Cuqui, el padre de los Coca, Eduardo, Poldo, el “Marujillo”, Arcadio Coca  -ya fallecido-  Aurelio Yebra, Jesús Pintor, el Tacuá, Fermín Udaondo, el “Sillero”, Toño, el marido de Josefina la de Herminio o José Luís, el hijo del veterinario y, también, niños  -hombres hoy-(a la izquierda Víctor Carocas y a la derecha, con gafas, Rafaelito Gayoso)  que mirarán con nostalgia la foto tomada a las puertas de la bodega de la Lobata, hace cincuenta años.
      Mírenla ustedes bien y recuerden aquellos tiempos en que éramos más jóvenes, más guapos y quizá, más felices y digan conmigo. ¡Vivan los quintos del sesenta y dos…¡.

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